30 de junio de 2008

Defensores de la corrupción

OCTAVIO QUINTERO
oquinteroefe@yahoo.com
30-06-08

Se están pronunciando voces muy autorizadas dentro del poder mediático en torno al tipo de gobernabilidad que se practica en estas democracias imperfectas, últimamente llenas de votos en torno a unos malandrines que confunden la auténtica democracia con la cantidad de personas que aplauden sus felonías.
Si ese fuera el caso, deberíamos concluir que el juicio a Jesús de Nazaret fue justo, pues lo impuso la mayoría a petición de Pilatos por encima de Barrabás; o que, en el pasado reciente, no existieron gobiernos más democráticos que Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y Franco en España; o que Perón en Argentina, Rojas Pinilla en Colombia, Pinochet en Chile y Fujimori en Perú, para hablar sólo de los más recientes y recordados dictadores de la historia rodeados de furibundos seguidores y de atroces delitos de lesa humanidad que por lo visto, y para estos analistas resultarían perdonables dado que fueron cometidos por mandatarios que tenían en su momento un alto grado de popularidad.
La democracia no es sólo la mitad más uno, sino también y especialmente, la legitimidad de las acciones que en nombre de esa democracia se emprendan en los distintos campos de los poderes que sostienen y refrendan en el día a día la democracia: El Ejecutivo, El Legislativo y el Judicial, según Montesquieu.
Para los comentaristas que han dado en reconocer la democracia sólo por la cantidad de votos que en un momento dado pueda congregar en torno a su imagen un determinado gobierno, parece importarles un bledo que para perpetuarse en el poder, el presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, haya sobornado al Congreso para autoexpedirse una reforma constitucional que le permitía encarar su reelección inmediata.
Es de suponer que estos comentaristas también deben dar por justificado que para alcanzar el poder el mandatario de hoy haya apelado a todas las formas de lucha incluyendo esa que en su discurso indómito condena en las Farc con el mote de terroristas.
Tampoco debe importar a estos pontífices de la neodemocracia que la justicia en Colombia circule en la misma dirección a donde apunta el índice del Presidente, como en el caso de los 14 paramilitares que rapó a la justicia colombiana y decidió extraditar a Estados Unidos; que la Fiscalía General sea un apéndice de la Presidencia; que la Corte Constitucional contradiga con frecuencia sus doctrinas, según los intereses del loado jefe de Estado; que todos los poderes del Estado que precisamente soportan la democracia hayan perdido sus contrapesos gracias a la reelección del ubérrimo. En este mismo orden de ideas, es por lo que ahora consideran un exabrupto que la Corte Suprema de Justicia haya condenado a quien motu proprio y expresa confesión dijera que vendió su voto a instancias de altos funcionarios del gobierno para poder cambiar el “articulito” que impedía la reelección del Señor Mayoral.
Eso es común y corriente en Colombia, están diciendo, y es cierto. Fue el mismo argumento que en su momento este comentarista esgrimió, no como defensa de los dineros del narcotráfico que entraron a la campaña de Samper, sino como denuncia de que Estados Unidos quería enervar el mandato de Samper no por la forma en que había sido conseguido sino por su intención de frenar la apertura económica que de puertas para dentro y de condiciones tan favorables a los capitales extranjeros y las multinacionales gringas había aprobado su antecesor, César Gaviria, el mismo que hoy se opone desde la dirección del Partido Liberal a la reelección de Uribe pero que bajo la mesa empuja su propia reelección.
Sí, lamentablemente tienen razón. El poder en Colombia ha sido una farsa; siempre ha estado en manos de una sociedad de sátrapas, antes de y después que los genios de Lleras Camargo y Laureano Gómez se inventaron el Frente Nacional para repartirse la marrana por 16 años, o que el presidente Lleras Restrepo, el más venerable y respetado por todos en el siglo pasado, decretó toque de queda para birlar el triunfo de Rojas Pinilla en las elecciones de 1970, tramoya electoral que este consintió a cambio de unas prebendas que todavía usufructúan sus herederos.
Como a través del cohecho es como se ha amarrado la gobernabilidad en Colombia, comentaristas como los afamados Rangel y Mauricio Vargas han dado en decir que la Corte metió las patas condenando a Jidis y usurpó funciones pidiéndole a la Corte Constitucional que revisara la legalidad de ese acto legislativo que en tal forma y manera permitió la reelección inmediata del presidente Uribe.
Y uno lo que piensa es que la Corte Suprema debe concluir la obra, pues, basada en esas denuncias de Rangel y Vargas, que ahora hacen públicas, amparados en la libertad de opinión, debieran ser oídos en versión libre a ver qué es lo que tanto saben de esa linda historia de cohechos en Colombia con los que incentivan a los honorables padres de la Patria para legislar en bien del país sólo a tenor de la dádiva gubernamental, bien en efectivo o bien en especie.
Quienes andan condenando a la Corte (la Suprema) porque intenta el esfuerzo de purificar el ejercicio democrático en Colombia, quizás también justifiquen mañana una eventual dádiva del gobierno a distinguidos periodistas para estimular el comentario a su favor, y en todo caso, quien justifica un medio perverso para alcanzar un fin, por meritorio que sea, es alguien quien ha perdido la moral, y si además, ese alguien detenta el muy honroso cargo de comunicador social, es alguien, entonces, que anda justificando la construcción de una sociedad desprovista de sentido moral.
Aunque, para ser realistas, yo creo que ya lo consiguieron.

29 de junio de 2008

Los Chicago Boys de Obama

Naomi Klein
Traducción
Tania Molina Ramírez
La Jornada-México
21 de junio de 2008
Publicación original: The Nation

Barack Obama se esperó sólo tres días después de que Hillary Clinton se salió de la carrera demócrata para declarar a CNBC: “Mira, estoy en favor del crecimiento, soy un tipo en favor del libre mercado. Amo el mercado”.
Para demostrar que ésta no es una simple aventura de primavera, nombró a Jason Furman, de 37 años, encargado de su equipo de política económica.
Furman es uno de los más destacados defensores de Wal-Mart, compañía a la que describe como “una historia progresista de éxito”. Durante la campaña, Obama arremetió contra Clinton por formar parte de la junta directiva de Wal-Mart y se comprometió: “No compraré ahí”.
Sin embargo, para Furman, la verdadera amenaza son los críticos de Wal-Mart: los “esfuerzos por lograr que Wal-Mart incremente sus salarios y beneficios” crean un “daño colateral”, el cual es “demasiado grande y perjudicial a la gente trabajadora y a la economía en general como para que me quede aquí sentado cantando Kum-Ba-Ya* en aras de los intereses de una armonía progresista”.
El amor de Obama por los mercados y su deseo de “cambio” no son intrínsecamente incompatibles. “El mercado está desequilibrado”, dice, y seguro que lo está. Muchos rastrean el origen de este profundo desequilibrio hasta las ideas de Milton Friedman, quien lanzó una contrarrevolución al New Deal desde su percha en el departamento de economía de la Universidad de Chicago.
Y aquí encontramos más problemas, porque Obama –quien dio clases de derecho en la Universidad de Chicago durante una década– está complemente incrustado en el pensamiento conocido como la Escuela de Chicago.
Eligió como su principal consejero económico a Austan Goolsbee, un economista de la Universidad de Chicago que está del lado izquierdo de un espectro que termina en la centroderecha.
Goolsbee, a diferencia de sus colegas más friedmanianos, concibe la desigualdad como un problema. Su solución principal, sin embargo, es más educación –algo en lo que Alan Greenspan podría coincidir. En su ciudad natal, Goolsbee ha estado ansioso por vincular a Obama a la Escuela de Chicago. “Mira su plataforma, sus consejeros, su temperamento, el tipo tiene un sano respeto por los mercados”, le dijo a la revista Chicago. “Está en el ethos de la (Universidad de Chicago), lo cual es diferente a decir que es laissez-faire”.
Otro fan de Chicago, cercano a Obama, es el multimillonario Kenneth Griffin, de 39 años, jefe ejecutivo del fondo de cobertura Citadel Investment Group. Griffin, quien le dio la mayor donación permitida a Obama, es algo así como un icono de una economía desequilibrada.
Se casó en Versalles y la fiesta posterior fue en el sitio en el que vacacionaba Marie Antoinette (hubo presentación del Cirque du Soleil), y él es un acérrimo oponente a cerrar la laguna fiscal de los fondos de cobertura.
Mientras Obama habla acerca de endurecer las reglas comerciales con China, Griffin ha hecho caso omiso de las pocas barreras que existen. A pesar de las sanciones que prohíben la venta de equipo policiaco a China, Citadel ha invertido en controvertidas compañías de seguridad establecidas en China, que ponen a la población local bajo niveles sin precedente de vigilancia.
Ahora es el momento para preocuparnos de los Chicago Boys de Obama y su empeño en rechazar cualquier intento serio por regular. En el lapso de dos meses y medio, entre su victoria electoral en 1992 y su toma de posesión, Bill Clinton dio una vuelta en U en lo que se refiere a la economía.
Había hecho campaña prometiendo revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), añadir provisiones laborales y medio ambientales e invertir en programas sociales. Pero dos semanas antes de tomar posesión, se reunió con el entonces jefe de Goldman Sachs, Robert Rubin, quien lo convenció de la urgencia de adoptar una política de austeridad y más liberalización. Rubin le dijo a PBS: “Antes de entrar a la Oficina Oval, durante la transición, el presidente Clinton decidió realizar un cambio drástico en política económica”.
Furman, un destacado discípulo de Rubin, fue elegido para encabezar el Hamilton Project del Brookings Institution, un centro de investigación que Rubin ayudó a fundar para proveer argumentos en favor de reformar, en vez de abandonar, la agenda del libre comercio.
A eso añádale la reunión de Goolsbee, llevada a cabo en febrero, con funcionarios de los consulados canadienses, que se fueron con la clara impresión de que los habían instruido a no tomar en serio la campaña contra el TLCAN de Obama, y hay muchas razones para preocuparnos de una repetición de 1993.
La ironía es que no hay razón alguna para este retroceso. El movimiento lanzado por Friedman, introducido por Ronald Reagan y afianzado por Clinton, enfrenta una profunda crisis de legitimidad en el mundo.
En ningún lugar es más evidente que en la misma Universidad de Chicago. A mediados de mayo, cuando Robert Zimmer, presidente de la universidad, anunció la creación del Intituto Milton Friedman, con un fondo de 200 millones de dólares, un centro de investigación económica dedicado a continuar y hacer crecer el legado de Friedman, surgió una controversia.
Más de 100 miembros de la facultad firmaron una carta de protesta. “Los efectos del orden global neoliberal, establecido en las últimas décadas y fuertemente apoyado por la Escuela de Economía de Chicago, de ninguna manera han sido inequívocamente positivos”, declara la carta. “Muchos argumentarían que han sido negativos para la mayoría de la población mundial”.
Cuando Friedman murió en 2006, tales atrevidas críticas a su legado estaban en buena medida ausentes. Los monumentos conmemorativos hablaban sólo de grandes logros, una de las más destacadas evaluaciones apareció en The New York Times, escrita por Austan Goolsbee. Sin embargo ahora, dos años después, el nombre de Friedman se percibe como una desventaja hasta en su alma mater. Así que, ¿por qué eligió Obama este momento para ser un Chicago-retro, cuando todas las ilusiones de un consenso se desvanecieron?
No todas las noticias son malas. Furman asegura que va a recurrir a las habilidades de dos economistas keynesianos: Jared Bernstein, del Economic Policy Institute, y James Galbraith, hijo del nemesis de Friedman, John Kenneth Galbraith.

Nuestra “actual crisis económica”, dijo Obama recientemente, no salió de la nada. Es “consecuencia lógica de una cansada y equivocada filosofía que ha dominado a Washington durante demasiado tiempo”.
Cierto. Pero antes de que Obama pueda purgar a Washington del azote del friedmanismo, tiene que limpiar ideológicamente su propia casa.

* Un famoso spiritual

© Naomi Klein 2008.

18 de junio de 2008

El amo quiere nuevo esbirro

OCTAVIO QUINTERO
oquinteroefe@yahoo.com

Cuando los contradictores empiezan a coincidir en sus tesis, sin que nada fundamental haya cambiado en el campo de la discusión, es porque alguno de ellos está intentando confundir al enemigo para tenderle alguna trampa. No puede haber coincidencias en la forma sin que en el fondo las cosas hayan cambiado, o sin que una de las partes que antes veía bien lo que estaba mal haya empezado a ver mal lo que siempre estuvo mal. Esto es de Perogrullo.
El cuento viene al caso porque el presidente de la Andi, Luís Carlos Villegas, vocero preclaro del neoliberalismo en los últimos 12 años en que ha presidido la poderosa organización del sector privado colombiano, curiosamente ahora le parece equivocada la política monetaria y cambiaria del Banco de la República y se opone, además, a la reelección del presidente Uribe.
En el reportaje a Yamid en el diario El Tiempo, Villegas dice dos cosas contundentes: 1) Que una eventual segunda reelección de Uribe “no es conveniente ni para las instituciones, ni para el país ni para él”; y, 2) Que el Banco de la República no puede circunscribir su política monetaria al mero propósito de controlar la inflación.
En el punto primero, uno debiera pensar que el conductor de la ANDI ha empezado a ver mal lo que siempre estuvo mal, como oportunamente fue subrayado por quienes siempre vieron muy bien que este gobierno de Uribe lo estaba haciendo muy mal y que, por tanto, reelegirlo era refrendar en lo económico al neoliberalismo y en lo político al fascismo.
En el punto dos, el líder gremial nos intenta descubrir lo que desde hace años Eduardo Sarmiento y otros han venido repicando en diversas formas: que el Banco de la República no está sólo para combatir la inflación sino también para propender conjuntamente con el gobierno nacional por el buen desempeño de la economía en general, función constitucional que contraviene alcahueteado por el mismo gobierno,
En el punto uno, hubiera resultado muy valioso que este magnate del sector privado hubiera visto que la reelección del presidente Uribe provocaba una fisura muy profunda en una democracia basada en pesos y contrapesos precisamente derivados de la no reelección presidencial, ni inmediata ni posteriormente.
Cuando los analistas advirtieron esto, salió el rey de los diminutivos, Fabio Echeverri, por entonces poderoso asesor presidencial de Uribe, a decir que se trataba tan solo de la reforma de un “articulito”… Un “articulote”, diríamos ahora, que le ha permitido a Uribe cooptar la Corte Constitucional, el Consejo Superior de la Judicatura, la Fiscalía, el mismo Banco de la República, la Contraloría y ene mil instancias menores que han puesto el poder en manos de quien sí sabe muy bien para qué es el poder.
En el punto dos, también le estaría muy agradecido el país laboral al presidente de la ANDI que desde un comienzo hubiera dicho que (…) “El Banco (emisor) no puede usar el debate constitucional como escudo para no mirar la economía completa. También tiene que preocuparle no frenar el crecimiento económico, no quebrar exportadores, no desestimular el empleo. ¿Qué gana con pasar el año con aclamación por tratar de controlar la inflación, mientras sus medidas quiebran empresas y conducen el desempleo a niveles que no tienen antecedentes? Además, tampoco va a lograr controlar la inflación”.
Pues, mi querido Villegas, esto es lo que usted y su gremio han venido aplaudiendo desde 1992 en que la flamante autonomía del Emisor sólo ha servido para cambiar una inflación de un dígito por un desempleo de dos dígitos que persiste a pesar de los continuos cambios de metodología en la medición del Dane para enmascarar las cifras y ocultar el problema. Lo anterior sin tener en cuenta que con el auspicio del gobierno y el aplauso empresarial, el Emisor ha venido malévolamente proyectando anualmente una inflación que siempre resulta superior a la proyección pero que sirve para determinar a priori el incremento salarial del mínimo con lo que, hasta donde se estableció la última cuenta, entre el Emisor, el gobierno y los empresariales le han robado a los trabajadores aproximadamente 12 puntos de su ingreso real en los últimos años en gracia de anclar una inflación baja merced al empobrecimiento general de la clase laboral.
Lo que pasa es que ahora, como el asunto toca directamente con el interés de una parte empresarial que siempre ha derivado su eficiencia de un dólar al alza y una mano de obra a la baja, ya no ve bien que el emisor “pase el año” con una inflación baja a costa de quebrar empresas en vista de que ya no tiene de donde seguir quebrando salarios. En cuanto a que se oponga a la reelección de Uribe, no parece que sea una ardorosa defensa de la democracia, como se presenta en el reportaje de Yamid sino, más bien, que en estos seis años de Uribe y los dos que le faltan, la poderosa empresa privada colombiana se da por bien servida y necesita una nueva ubre más laxa y fácil de ordeñar.
Lo anterior, que a primera vista parece elucubración ingeniosa, quedó dos días después de publicado el reportaje de Villegas en El Tiempo, prácticamente confirmado al revelar Humberto López, un periodista antioqueño que de tiempo atrás goza de la confianza de la poderosa empresa paisa, que los “cacaos”, como una vez los llamó el ex presidente López Michelsen, han venido quitándole el apoyo a Uribe. En una de sus muy picantes notas del diario El Mundo, de Medellín, el periodista reveló que desde hacía varias semanas “se venía diciendo en voz baja que andaba una carta firmada por grandes cacaos en la cual se expresaba opinión sobre un nuevo período presidencial para el abogado Uribe Vélez. Pero la carta no aparecía El domingo pasado, sin embargo, el dirigente gremial Luís Carlos Villegas, quien ha sido un leal compañero de la Casa de Nariño en muchos momentos complejos, fue enfático en señalar que ni si quiera a Uribe Vélez le conviene otra reelección. El extenso reportaje hecho por Yamit Amat en el diario El Tiempo, marca el pensar de los cerca de 1.000 industriales que agrupa en todo el país la sexagenaria Andi, pues Villegas se abstuvo de señalar que dicha opinión fuese personal. Pero tampoco dijo si era el pensar del Consejo Gremial que dirige el pereirano presidente. El reportaje despeja también el pensamiento del influyente Sindicato Antioqueño, el más leal grupo de afiliados que tiene la Andi en todo el país”.
Por eso es importante tener en cuenta que este cambio de opinión del presidente de la ANDI no apunta a que sea necesario cambiar las reglas del juego económico, político y social del país, sino que uno de los jugadores, los usufructuarios del modelo económico y de la seguridad democrática, quiere cambiar de tallador para refrescar la mano.
El 26 de febrero advertimos, en una columna que se intituló “Se soltaron los perros”, que ciertos reclamos de neoliberales como Hommes, Montenegro y Juan Camilo contra algunas medidas económicas de Uribe, más parecían un azuzar de perros. Pues, el reportaje de Villegas lo que advierte es que tras los latidos de los perros, el amo ha ordenado al esbirro salir a ver quién anda por ahí.

Vamos a ver
Para quienes gusten atar cabos, van a poder confrontar estas lúcidas apreciaciones de última hora del presidente de la ANDI con la nueva tesis sobre desarrollo económico elaborada por el talentoso analista Eduardo Sarmiento, quien, a pesar de ser ingeniero, se mueve como pez en el agua en los abruptos terrenos de la teoría y la praxis económica.
Sarmiento, quizás el más célebre y persistente contradictor del neoliberalismo a nivel latinoamericano, no sólo como veterano columnista del diario El Espectador, sino como académico, conferencista y escritor (autor de 17 libros), lanza el próximo martes, 2 de julio, en la sede de la Biblioteca Nacional de Bogotá, su último libro: “Economía y globalización”.
Es, según el mismo Sarmiento, la concreción del “Modelo propio”, su anterior libro, en el que ya vislumbraba el paso de su estado crítico al propositivo.
En este último trabajo, Sarmiento precisa su modelo propio de desarrollo económico y social específico para Latinoamericana en tres aspectos clave:
1.- Una política macroeconómica basada en un banco central no autónomo obligado a coordinar sus políticas crediticia, monetaria y cambiaria con el resto de la economía nacional.
2.- Un desarrollo industrial apoyado en el aprendizaje en el oficio, la conciliación del mercado interno y externo y la integración económica latinoamericana.
3.- Una política pública que le de prioridad a la equidad sobre la eficiencia.
El gran mérito de este portentoso trabajo intelectual de Sarmiento es que se anticipa a lumbreras internacionales como Paul Krugman y el Nobel Stiglitz en cuanto estos se han quedado en la etapa crítica del modelo sin proponer a cambio nada. En cambio Sarmiento, tras demostrar el error en la teoría del modelo neoliberal, plantea en “Economía y globalización” el nuevo modelo alternativo, o modelo propio, como algunos preferimos seguir llamando, que debiera servir a los gobiernos de tendencia socialista como los de Chávez, Correa, Morales y Ortega, entre otros, para afianzar su política económica interna de cara a la construcción del “Socialismo del siglo XXI”.
Esta última obra de Sarmiento avanza en el trabajo de identificar las falencias de las teorías convencionales neoclásicas, y sobre esa base construye nuevas concepciones, entre otras la muy novedosa de poner el énfasis de toda la administración pública en la equidad y no en la eficiencia, algo que en la Constitución del 91 en Colombia se dejó en equilibrio lo que le ha permitido a los distintos gobiernos, de Gaviria en adelante, avanzar en el desmonte del Estado y en la privatización a rajatabla y a precios de gallina vieja de todo el patrimonio público.
Por eso es que cuando ahora se ven a inspiradores o ejecutores de ese modelo, como en el caso colombiano a los Hommes, Juan Camilos y Montenegros, y a voceros de la empresa privada como el presidente de la ANDI, poniéndose del lado de la crítica al modelo, sin un previo mea culpa, uno lo que intuye es que quieren correrse un poco a la izquierda de la derecha pero sin llegar siquiera al centro.
Vamos a ver estos qué tanto aplauden la obra de Sarmiento; vamos a ver qué tanto le juegan a la desautonomización del Banco de la República, al desarrollo industrial basado en el aprendizaje y no en la maquila y a la prioridad de la equidad sobre la eficiencia, lo que de paso significaría no volver a tocar a la baja los salarios como vía de competitividad industrial y comercial, y entonces sí podrá apreciarse su sinceridad sobre las críticas al Emisor y su oposición a la reelección de Uribe. Mientras tanto, no pasan de ser patrañas mediáticas armadas para ir preparando el relevo de Uribe para que, como en el Gato Pardo, “todo cambie sin que cambie nada”.

13 de junio de 2008

Habemus coca

OCTAVIO QUINTERO
oquinteroefe@yahoo.com
13-06-08

Nos pone los pelos de punta que una diva francesa venida a más por haberse casado con un presidente en ejercicio que se está viniendo a menos, cante canciones relativas a la producción y consumo de coca en Colombia. Y nuestro deslucido canciller, también venido a más por habérsele volado a las Farc pocos días después de que precluyera una investigación en su contra por haberle robado una tierrita a los más pobres de su natal Cartagena, protesta “enérgicamente” diciendo que “"eso pasa por combinar la política con la farándula".
Esperemos que ningún acucioso analista haga extensiva esa apreciación del canciller a los conciertos de Juanes, nuestra lumbre artística internacional (y esto es en serio), por haber armado el gigantesco concierto fronterizo colombo-venezolano en momentos en que las tensiones entre Uribe-Chávez y Correa, estaban en su climax.
Viene a lugar mencionar también en este contexto de ardorosa defensa patriótica, la glosa bien lograda que nuestro general Naranjo, director de la Policía Nacional, hace a un guión televisivo que viene transmitiendo a modo de documental el canal Caracol TV denominado “El Cartel” que recoge la vida y obra de los más importantes capos de la droga en Colombia.
“Mi general” dice que el guionista, un narcotraficante confeso y convicto, deja a la policía por el suelo y pone a los narcos por las nubes.
Es lo que acaba de confirmar, “mi general”, el Sistema Nacional de Monitoreo (SIMCA) en su última medición: que el cultivo de coca en Colombia, a pesar de la muy “eficiente” labor policial y de los cuantiosos recursos del Plan Colombia se disparó al cierre del 2007 en un 25 por ciento, retrotrayendo su nivel al de hace seis años.
Es decir, y para revolverle farándula a esta política, los “años dorados” de Uribe en materia de lucha contra el narcotráfico han pasado sin pena ni gloria. Pero eso sí, los muchos millones de dólares que le ha insuflado Estados Unidos a través del Plan Colombia a cuenta de esa lucha, le han servido para prenderle candela al rancho de las Farc, y sobrado para hacer que algunas chispas de esta guerra interna flameen peligrosamente sobre las fronteras con Venezuela y Ecuador.
Es el quid del asunto. Es lo que en palabras de Luigi Ferrajoli, padre del garantismo penal, llama “intereses muy fuertes para mantener las drogas prohibidas”. ¿A quién más que a Estados Unidos le conviene política y económicamente esta lucha? Mientras más lejos estemos de ganarla más injerencia del Imperio en nuestros asuntos internos y más utilidades devengarán las transnacionales que se dedican a la comercialización de químicos precursores del alcaloide y del tráfico de armas para la guerra contra el narcotráfico hoy; entre los países bolivarianos, mañana.
Bajo la presión de Estados Unidos se ha desarrollado en el mundo una legislación antidroga “totalmente irracional”, dice Ferrajoli en declaraciones al periodista Carlos Rodríguez de Página 12, un portal argentino.
¿Pero, totalmente irracional para quién? No es, por supuesto, para el Imperio, porque eso es lo que busca: que irracionalmente nos matemos en estos países andinos en el altar de sus furibundos consumidores; en beneficio de las arcas de sus transnacionales y en camino de su expansión geopolítica.
La guerra contra las drogas no está acabando con los cultivos ni con los narcotraficantes ni con los consumidores. Por el contrario, éstos: cultivos, narcotraficantes y consumidores siguen aumentando aquí y acullá. Esa guerra, lo que está acabando es con la dignidad de estos países –Colombia y México-, por ejemplo.
Pero de nada valen estos llamados a la reflexión, hechos hoy por Ferrajoli y ayer por premios Nobel de literatura y economía como García Márquez y Stiglitz. Mientras esta guerra siga siendo un gran negocio económico y una estrategia política que juega a favor del Imperio: habemus coca per secula seculorum con sus fuertes cargas de crímenes y corrupción.

12 de junio de 2008

Narcotráfico: lucha irracional

Luigi Ferrajoli, padre del garantismo penal
“Hay intereses muy fuertes para mantener las drogas prohibidas”
Es uno de los principales teóricos del garantismo en materia penal.
Aquí, sus reflexiones sobre drogas, despenalización, derecho, globalización y libertades.
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Por Carlos Rodríguez

“La legislación antidroga que se ha desarrollado en el mundo, bajo la presión de Estados Unidos, es totalmente irracional. Sólo produce criminalidad y no produce la disminución del consumo.” El jurista italiano Luigi Ferrajoli, padre de la teoría del garantismo penal, en una entrevista con PáginaI12 se manifestó a favor de la legalización de las drogas. “La legalización podría producir un aumento del consumo al principio, durante un breve tiempo, pero después se produciría una disminución”, opinó Ferrajoli, quien se mostró de acuerdo además con la despenalización de la tenencia de droga para consumo. Lamentó, por otra parte, que el garantismo se haya desarrollado “exclusivamente frente a los poderes públicos”, cuando debería poner freno “a los poderes privados que, sin derecho, pueden desarrollarse en forma salvaje e ilimitada”. Puso como ejemplos “la confusión que hay entre libertad de prensa y propiedad de los medios”, así como el avance de las empresas multinacionales sobre los recursos naturales de los pueblos más débiles. “Creo que es necesario señalar el carácter suicida de esta falta de límites frente a las empresas privadas” porque, concluyó, “al contrario de otras catástrofes del pasado, puede que hoy no estemos a tiempo de decir, una vez más, ‘nunca más’”.

Ferrajoli viajó a Buenos Aires para dejar inaugurado el III Congreso de la Asociación Interamericana de Defensorías Públicas (Aidef), financiado por el programa Eurosocial Justicia de la Comisión Europea y organizado por la Defensoría General de la Nación, cuya titular es Stella Maris Martínez, a su vez coordinadora general de la Aidef.

–A fines de los noventa usted decía que el garantismo era una palabra nueva en el léxico jurídico porque se había incorporado veinte años antes, en Italia, al Derecho Penal. ¿Cómo es hoy la situación a nivel universal?

–El garantismo es una expresión acuñada en los setenta, en Italia, en el terreno del Derecho Penal. Sin embargo, puede ser extendido como paradigma teórico a las garantías de todos los derechos fundamentales, no sólo del derecho de libertad en materia penal sino también en los derechos sociales. Y no solamente frente a los poderes públicos sino también frente a los poderes privados. Y no solamente frente al poder de un Estado sino también frente a los poderes internacionales.

–Usted afirma que hay expansiones del garantismo que deberían ser tomadas en cuenta en forma urgente. ¿A qué cuestiones se refiere?

–Una de las expansiones es en dirección de los derechos sociales. Otra es en dirección de los poderes privados que la tradición liberal siempre ha confundido con las libertades cuando son cosas diferentes.
Por ejemplo, se confunde lo que es la propiedad de los medios y lo que es la libertad de prensa. O también el poder del mercado, que es un poder al que se pone por encima de los derechos civiles. El galantismo se ha desarrollado exclusivamente frente a los poderes públicos, como expresa el estado de derecho, en vez de manifestarse también frente a los poderes privados. El derecho al trabajo, el derecho al medio ambiente no tienen un diseño constitucional. Estas expansiones deben ser estructurales.

–Hay una tercera expansión de la que usted habla.

–La tercera expansión es el derecho internacional. Nosotros tenemos muchas cartas internacionales: declaración de derechos, convenciones, pactos, pero sin garantías. Sobre este vacío de garantías, el poder privado y de las grandes empresas privadas llenan el vacío de garantías públicas. Esto permite que los poderes privados, sin derecho, puedan desarrollarse en forma salvaje e ilimitada.

–Volviendo sobre el tema de la libertad de prensa, en Argentina, en algunos momentos históricos, hasta puede ser menos complicado trabajar con cierta libertad en un medio de prensa estatal que en uno privado.

–Esto también ocurre en Italia y es signo de la importancia de los conceptos teóricos. Esto es el fruto de una confusión conceptual que deviene de hablar de “libertad de prensa” cuando en realidad es “libertad de la propiedad de los medios”. La polémica que se dio en Italia, sobre el monopolio de los medios por parte de (Silvio) Berlusconi, ha hecho hincapié sobre el pluralismo de la propiedad, que es un valor que debe ser garantizado, naturalmente. Pero yo creo que se debe también afirmar la separación entre libertad de prensa, es decir la libertad de los periodistas para informar, de la propiedad de los medios. La propiedad no debería tener influencia en la opinión de los periodistas y no debería haber nadie que tenga más de una red de televisión o más de un periódico. Esto debería ser garantizado por ley. Si no ocurre eso, son sólo garantías de papel, que no tienen aplicación real.

–Estuvo reunido con el ministro Aníbal Fernández y habló con él sobre el proyecto de despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal. ¿Cuál es su opinión sobre esa iniciativa?

–La legislación antidroga que se ha desarrollado en el mundo bajo la presión de Estados Unidos es totalmente irracional. Esto sólo produce criminalidad y no la disminución del consumo. El prohibicionismo significa afirmar el monopolio criminal del mercado de la droga, que produce, en forma inevitable, criminalidad grande y pequeña, en este caso de los pequeños vendedores de droga. Esta criminalidad ejerce una presión sobre todos los jóvenes que la legalización de la droga no produciría. Existe un interés de los pequeños consumidores-vendedores de corromper a otros jóvenes. Esto está ligado a la presión de los grandes monopolios de la droga. Todo eso lleva a que la represión caiga sobre la mano de obra barata y no sobre las grandes empresas.

–¿La legalización de la droga sería la solución al problema?

–Es posible que la legalización, en un breve primer momento, produzca un aumento del consumo, pero en el largo plazo produzca una disminución, porque ya no estaría la presión y la corrupción sobre los consumidores, que deben convencer a sus propios compañeros de que consuman.

–¿Qué opinión tiene sobre el proyecto argentino de despenalización?

–Yo no he leído el proyecto, no conozco el detalle. Me ha parecido que el ministro tiene una política muy racional. Uno de los pasos a dar, en el combate contra las drogas, es disponer la inimputabilidad del consumo. Es un principio clásicamente liberal el decir que “los actos contra sí mismo no son punibles”. Cada uno es soberano sobre su persona. La criminalización sólo empeora el problema. Otra medida podría ser la de diferenciar droga pesada de droga liviana. Lo importante es disminuir el daño. Y para eso, el Derecho Penal no es una varita mágica.

–Tengo entendido que también se interesó por el plan de desarme de la sociedad civil que se está llevando a cabo.

–Una política importante sería la de ilegalizar el uso de armas. Las armas deberían ser consideradas, más que la droga, bienes ilícitos. Las armas son destinadas a matar, producen guerra y criminalidad. ¿Por qué no hablar del arma-tráfico en lugar de hablar tanto del narco- tráfico?

–Antes hablaba de la “irracionalidad” de la política en materia de drogas que impulsa Estados Unidos. ¿Es posible hacer cambios de fondo para terminar con las drogas y las armas cuando son dos negocios fabulosos?

–Es legítima la sospecha de que hay intereses muy fuertes para sostener el prohibicionismo de las drogas. Es increíble, porque Estados Unidos tiene experiencias de prohibicionismo, en los años ’20, lo que ha producido el gangsterismo, lo que ha producido una criminalidad feroz.

–Usted habla de la relación entre Derecho y globalización.

–Es importante analizar cómo se puede utilizar el Derecho para neutralizar los efectos negativos de la globalización. La globalización se caracteriza como un vacío del derecho público, un vacío de garantías de los derechos fundamentales. Nosotros tenemos los pactos de derechos humanos, muchas convenciones interamericanas, europeas, africanas. Tenemos muchas cartas y declaraciones, pero son derechos de papel si no existen leyes que permitan su aplicación práctica.

–¿Cómo se frena una globalización que, en muchos aspectos, está llevando a la destrucción del ambiente, como ocurre en la Argentina con las empresas que explotan minas a cielo abierto?

–Hay una total falta de límites para las empresas que pueden devastar el medio ambiente y los recursos naturales. Las empresas encuentran, entre los grandes lineamientos nacionales de los países, cuáles son los más vulnerables. De ese modo pueden decidir en cuál de los países existen leyes o ellos las pueden imponer, mediante las cuales se puede explotar el trabajo, destruir el medio ambiente o corromper a los gobernantes. Esto se llama, como un eufemismo, la “competencia” entre los ordenamientos nacionales más benignos y los ordenamientos de las empresas. Esto sólo es bueno para las empresas, que aprovechan los Estados con una legislación menos garantista.

–En Argentina hubo protestas de las comunidades afectadas, con éxito o sin él, para evitar la destrucción de los recursos naturales, pero las empresas siguen destruyendo el ambiente.

–Son procesos difíciles, de largo plazo. Sólo las luchas sociales pueden evidenciar la violación de los derechos, la inconstitucionalidad de lo que está sucediendo. Es necesario señalar el carácter suicida de esta falta de límites frente a las empresas privadas. Este es el único planeta que tenemos. Respecto de las grandes catástrofes del pasado, hoy existe una diferencia: podemos no estar a tiempo de decir, una vez más, “nunca más”.

–Es como decir que hay riesgo de que nunca más podamos decir “nunca más”.

–Bravo. Les dijimos “nunca más” al fascismo, “nunca más” a la dictadura, “nunca más” a la destrucción del planeta, “nunca más” a la desigualdad que produce millones de muertes. Ahora podríamos no estar a tiempo para tomar decisiones que paren lo que está ocurriendo.
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Fecha: Thu, 12 Jun 2008
PAGINA 12
Buenos Aires

Democracia y Educación

Notas transversales para el debate del Estatuto Estudiantil y la democracia en la Nacho

Miguel Ángel Herrera Zgaib
Profesor Asociado, Departamento de Ciencia Política
Universidad Nacional de Colombia
maherreraz@unal.edu.co


“La locura de los tiempos es desear usar el consenso para curar sus propias enfermedades. Lo que tenemos que hacer, en cambio, es repolitizar los conflictos así que éstos puedan ser tratados, devolviendo los nombres a la gente y otorgando a la política de nuevo su anterior visibilidad para el tratamiento de los problemas y los recursos”. Jacques Rancière. On the Shores of Politics. Verso, New York, 2007, p. 106.

Repolitizando la educación
En un conjunto de ensayos que Jacques Rancière, discípulo de Althusser, publicó con el título: “En las orillas de la política” (1992), él examinó diversos tópicos de la democracia, antigua y de hoy, así como acerca de lo político y la política tomando en cuenta la circunstancia francesa de los años 1986-1990. Del último de los ensayos, “Democracia corregida”, entresaco el epígrafe del escrito, porque quiero destacar su núcleo normativo: repolitizar los conflictos.
Esta es la máxima que relaciono con los cometidos de la democracia actual, ya que parte de reconocer que la sociedad moderna no tiene la solución para los problemas estatales ni tampoco el Estado tiene la solución para los problemas sociales. Es, por tanto, una propuesta útil para lidiar con la publicitada Reforma Educativa que los administradores de turno nos venden con la pretensión de que regirá por un decenio. Más aún, nos orienta, al enfrentar de qué modo tal política tiene que ver directa o indirectamente con el rumbo que quiere prescribir a la educación superior pública y privada.
Todo lo dicho va a contramano, por supuesto, de lo que quiso sugerirnos el Lyotard de “La condición posmoderna”. Por supuesto, este principio provisional va contra otra dizque máxima, que si el estado es modesto la sociedad no lo será. Tal y como lo sostiene Rancière, queremos atacar la ilusión metapolítica moderna de un supuesto antagonismo entre una sociedad modesta y un estado inmodesto, tal como lo expresara Michel Crozier en la década de los 70. El cual resumía bien el conflicto ideológico irresoluble entre los liberales y los socialistas europeos de entonces.
Ahora bien, qué quiere decir repolitizar los conflictos. No es, ni más ni menos, que darle cabida a la democracia en su solución, yendo más allá de aquel falso dilema neoliberal y posmoderno, de quitarle soberanía al estado y concedérsela al mercado. Hoy de capa caída en el mundo desarrollado, pero con nítida resonancia doctrinaria y práctica en nuestro país todavía.

Buscando las raíces de la democracia razonable
Lo ya propuesto nos lleva más atrás, hasta Platón y Aristóteles, para empezar con la argumentación que defiende la repolitización de los conflictos. Para Platón, es sabido, tenemos que distinguir entre diálogo filosófico y persuasión retórica. Por la potísima razón que en cualquier comunidad y sociedad existe disparidad de intereses. En suma, el desacuerdo es parte esencial de la democracia, no es posible lograr su redención dialógica. Pero, tampoco esta situación se debe a que los muchos deseen “más, siempre más” como también lo afirmaba Platón.
El diálogo democrático que aquí se propone, en la coyuntura universitaria, no es la búsqueda de la homonoia, pero sí requiere un interlocutor válido cuya acción implica la indeterminación y lo inesperado. Más aún, la figura del interlocutor nunca es la de un socio o de un compañero. Además, las partes en conflicto, que protagonizan el antagonismo no producen nunca una totalidad que enderece lo equivocado o lo incorrecto. El debate, nos dice Rancière, no objetiva lo equivocado como “un problema cuya solución es buscada por socios actuando juntos…El sujeto que da voz y substancia a la queja/reclamo no está cualificado para declararse satisfecho”.
Al contrario de Habermas, también conviene señalar, que no se trata en materia de democracia de oponer la formación discursiva de la voluntad y el compromiso liberal entre intereses. Porque la democracia no es ni compromiso de intereses ni tampoco la formación de una voluntad común. En política, siempre se trata, en verdad, de un diálogo dentro de la comunidad dividida, donde lo universal, cualesquiera que este sea, es siempre un sujeto de disputa, que, claro que sí, le interesa a los interlocutores actores de determinados antagonismos.
Más aún, es necesario recordar, que lo que se reclama es “la verdadera medida de la otredad, la cosa que une a los interlocutores, mientras que simultáneamente los mantiene a distancia el uno del otro”. Ahora, recordemos, siguiendo a Rancière, de otro modo a Wittgenstein: es la otredad la que le da significado a los juegos del lenguaje, y no al contrario.
En esta posmodernidad neoliberal tardía que padecemos, se estila casi sin excepción despolitizar los conflictos para resolverlos: o despojar a la otredad de cualquier medida para resolver sus problemas. A esta operación, la posmodernidad la denomina democracia razonable y cómoda, en la medida que es consonante con los deseos y esfuerzos de la sociedad productiva. Así la quieren Michel Crozier y los otros socios de la Trilateral, quienes reconocieron con alarma la ingobernabilidad de la democracia anterior. La democracia que se rebeló en el 68 y en el decenio que la siguió, hasta que se produjo la judicialización y criminalización arbitraria del movimiento extraparlamentario de la Autonomía en Italia y en Alemania, en menor medida.

De la Ideología y el nuevo Estatuto estudiantil
“Marx convirtió la separación de la democracia de sí misma en la separación del reino de lo político en si mismo, dándole a la separación un nombre que sería adoptado por toda la modernidad y aún en contra de Marx mismo. El nombre en cuestión era Ideología”. Jacques Rancière, op. cit., p. 100.

Para nuestro autor, la ideología es el nombre que corresponde a la distancia entre nombres y cosas; y de otra parte, es el operador conceptual que controla las uniones y disyunciones entre los componentes del moderno aparato político. Dicho de otro modo, la ideología liga la producción de la esfera política a su evacuación, porque ella, esto es, la ideología designa la brecha entre las palabras y las cosas como una perturbación en la política, la que podría en cualquier momento volverse una perturbación de la política.
Esta referencia a la ideología tiene que ver de modo explícito con el tópico de la ingobernabilidad como atributo, y nunca un defecto, de la democracia. Referirlo nos conduce hasta el historiador Tucídides, para quien la cuestión de la política fue indivisible de la de si las democracias son o no gobernables. Para él, en verdad, las democracias son las dos cosas, gobernables e ingobernables. En resumen, se asume que hay política como arte y ciencia, porque existe la democracia como el asunto de los muchos. Las multitudes son siempre más o menos de lo que se ha supuesto que sean, esto es, son a la vez desproporcionadas y anárquicas.
De lo sostenido pro Tucídides se desprende una alternativa radical, que dirigir una democracia es hacerlo sobre la base de sus disimilitudes, de su ingobernabilidad. Para nuestro caso, de la democracia en la Universidad se trataría de usar su auto-división constitutiva por y contra ella. Como alternativa al estatuto bajo debate, se considera necesario instituir las reglas constitucionales y costumbres que permitan a l@s much@s disfrutar de la visibilidad de su poder a través de la dispersión y hasta la delegación de sus cualidades y prerrogativas. Esta fue, por demás, siglo ha, la respuesta que dio Aristóteles a la denuncia que Platón hizo de la sofistería democrática contra la cual él se pronunciara tan acerbamente.
La propuesta entonces es corregir la democracia universitaria gobernándola bajo el uso juicioso de su propia ingobernabilidad. El desafío es conducir la comunidad armoniosamente a través de su desacuerdo, a través de la imposibilidad de l@s muchos de ser iguales a sí mismos.
Todo lo anterior concuerda, dice Rancière, con lo afirmado por Aristóteles en el libro I de la Politeia: primero, una comunidad fundada en el poder específicamente humano del logos, el poder de hacer manifiesto lo conveniente y lo dañino; y en segundo lugar, estaría la pura facticidad de la ciudad (universitaria) dividida en ricos y pobres, dividida no sólo por la fortuna sino también por el deseo de poder.
Finalmente, desde Aristóteles tenemos un sistema de formas y arreglos, donde el logos se realiza en su capacidad de superar la doble división de l@s muchos, su diferencia de sí y sus divisiones en clases. Sin embargo, la Democracia denota la queja/el motivo al mismo tiempo que denota las diferencias de los muchos, y el poder de la apariencia adherido a la proclamación del nombre del demos. De modo sumario, digamos, que la democracia como hecho se presenta de tres formas diferente: el aparecer del demos, su disparidad, y la queja conectada al antagonismo entre ricos y pobres.
Así las cosas, existe la brecha entre el demos como comunidad y como división, es el lugar de una queja fundamental. Como resultado de esta doble constitución, no es el rey, ni el gobernante de la representación, sino el demos quien tiene una doble corporalidad. Esta doble corporalidad se impone como atributo físico de la democracia de las multitudes en su autonomía fundacional.

¿Una Escuela democrática?
“La escuela es un lugar privilegiado para vocear la sospecha concerniente a la no-verdad de la democracia y criticar la brecha entre la forma de la democracia y su realidad”. J. Rancière, op. cit., p.52.

Los trabajos de Bourdieu y Passeron sobre la escuela, de modo general, nos muestran que ésta no cumple sus promesas igualitarias, pero, en virtud de su modo de ser y de la lógica simbólica de la cual es su fundamento. En el libro Los Herederos, ambos autores construyen el silogismo que opone una premisa mayor, la escuela igual para todos, a una premisa menor, el fracaso de los niños de clase trabajadora, para fundamentar luego su pliego de cargos contra la moderna escuela.
Para ellos, esta escuela crea desigualdad, precisamente, porque promueve la creencia en la igualdad. Los niños de los pobres creen que todos son iguales, y que los pupilos en la escuela son marcados sobre la base de los talentos e inteligencia de cada uno. Tal ideología conduce a que los niños de los proletarios reconozcan que si no triunfan es porque carecen de talento e inteligencia, por lo que sería mejor que se fueran a otro lugar. Convirtiéndolos en sujetos “naturales” de esta operación ideológica de exclusión y jerarquización.
De este modo dicho, la escuela descrita por Bourdieu/Passeron se convierte en el teatro de una violencia simbólica fundamental que no es otra que precisamente inocular, consolidar en ellos, en los muchos niños/ jóvenes la ilusión de la igualdad. Ahora bien, la forma de la escuela moderna, es un dispositivo que describe un círculo perfecto: la conversión del capital socio-económico en capital cultural, gracias a la disimulación práctica de esta conversión. Esta es tan invisible como efectiva, porque la escuela produce y reproduce una separación de quienes tienen los medios de los que no, para hacer efectiva tal separación.
En lo histórico, nos recuerda Rancière, la escuela proviene de la institución griega schole, cuyo significado inicial fue la condición de las personas ociosas, quienes como tales son iguales y aptas para dedicarse, si así lo quieren, a estudiar de modo libre.
Ahora, la forma democrática de los modernos nutre a la vez la ilusión de la igualdad entre el ocio de la schole y el reino de la necesidad, esto es, entre quienes pueden y los que no pueden pagar el ocio de lo simbólico. Así, la democracia liberal es un régimen fraudulento que perpetúa y disfraza la división social.
Enfrentados con este juicio de la democracia escolar fraudulenta están los Reformistas, quienes, por el contrario, quieren hacer explícitos los factores implícitos de la desigualdad, la lucha contra el formalismo de la cultura dominante y considerar el peso de lo social, así como descubrir el hábito/habitus y los modos de socialización de las “clases desfavorecidas”.
Pero, en el juicio de Rancière, las dos fórmulas, de revolucionarios y reformistas, son concurrentes en sus efectos y principios, ambas comienzan con la desigualdad y terminan con desigualdad. Estas posiciones coinciden en la idea que la desarmonía entre las formas constitutivas de un régimen sociopolítico significan, ni más ni menos, una enfermedad o una mentira fundamental. Sin embargo, tal es la característica de la escuela moderna, de modo simple dicho: la no convergencia de la lógica escolar con la lógica de la producción.
Es tal relación la de una contradicción que se importó tanto de la sociedad antigua y jerárquica, la cual separó el ocio intelectual de la vida productiva. El resultado de esta genealogía es la ambigüedad conduce a que la educación no sea ni la máscara de la desigualdad ni el instrumento para reducir la desigualdad, sino, por el contrario, el lugar privilegiado de una permanente negociación de la igualdad entre el estado democrático y el individuo democrático, si lo son.
Para las condiciones de Colombia, tal medida, ni más ni menos, pone a prueba la verdadera naturaleza del estado existente, el Estado social de derecho en trance de mutar, de desmontarse con la figura del Estado comunitario neocorporativo, que viene en acelerada progresión desde la primera presidencia de Álvaro Uribe Vélez.

¿Una comparación con Francia?
En su reflexión, Rancière cita el caso de la huelga de los estudiantes franceses de 1986, contra una legislación propuesta por el gobierno para las universidades con el objetivo manifiesto de adecuar la educación superior a los requerimientos económicos, porque uno de cada tres graduados estaba desempleado en Francia. El gobierno proponía introducir una orientación selectiva. Los estudiantes y liceístas se opusieron a la nueva ley, alegando que dicha selección iba contra un sistema universitario libre y abierto, que ellos consideraban un derecho inalienable, conquistado por la lucha de la democracia francesa.
El asunto condujo, por esa vía, a ventilar el problema de la igualdad versus la desigualdad, con el objeto de definir el compromiso democrático: de un lado, los derechos de la multitud, y de otro, los derechos de los administradores. Entonces los estudiantes leyeron, estudiaron y evaluaron como mala tal legislación. Para nuestro caso, el de la Universidad Nacional, el nuevo Estatuto estudiantil. Al obrar así, los estudiantes como multitud crearon un nuevo espacio interpelando a los políticos/ parlamentarios reinventando el silogismo de la igualdad de la democracia contra la oclocracia, el gobierno de la muchedumbre.
Conviene aquí, aclarar que la democracia no es ni la autorregulación consensual de las pasiones plurales de la multitud de individuos, ni el reino de una colectividad unificada por la ley bajo la sombra de la Declaración de Derechos. Sino que, la democracia existe, - según el enfoque de Rancière que compartimos -, en una sociedad hasta el grado en que el demos existe como el poder para dividir el ochlos, donde cualquier multitud se afirma y manifiesta como tal. Es esta una acción en que la multitud se rehúsa simultáneamente tanto a incorporarse en el Uno de una colectividad como al abandono puro del individuo focalizado en el doble dispositivo de la posesión y el terror. En suma, la democracia no es otra cosa que “el poder del demos de deshacer todas las asociaciones, reuniones y ordenaciones”.
Para la democracia es esencial la igualdad. Lo esencial de la igualdad es, de hecho, no tanto unificar como desclasificar, deshacer la supuesta naturalidad de los órdenes y reemplazarlos con las figuras siempre controversiales de la división. La igualdad es el poder de la inconsistente, desintegradora división que desgarra la política de las varias figuras de la animalidad, tales como el gran cuerpo colectivo, la zoología de los órdenes justificados en términos de ciclos de naturaleza y función.

La (contra) reforma y la posdemocracia

“…resucitar la fantasía de una buena distribución de las funciones sociales o, en otras palabras, en el análisis final, introduciendo una nueva forma de fantasía del Uno bien-ordenado. J. Rancière, p. 34.
“La autogestión se propone de inmediato una revisión profunda de todos los planes de enseñanza en el campo de la educación superior, dentro del concepto de una verdadera revolución de los sistemas vigentes. José Revueltas, ¿Qué es la autogestión académica?. México, p. 109.

Contra el viejo sueño feudal del todo orgánico y jerárquico, y contra el nuevo sueño liberal de pesos y contrapesos de la sociedad pluralista guiada por sus elites, nos reitera Rancière, que la lucha de clases proclamó y estableció en el corazón del conflicto democrático un poder humanizante: la división.
Para el siglo XIX, el encuentro difícil entre Marx y los socialistas proletarios jugó en el filo de la navaja de una pregunta paradójica: ¿Cómo concebimos nosotros el agente de esta acción de desclasificación, de división? Marx pensó que la forma adecuada para esta contradicción era el partido de la unidad de los proletarios que divide la clase cuyo partido era. Sin embargo, olvidar a Marx es también olvidar esta simple pregunta: más allá de la lucha de clases, ¿qué jugará el papel de la división, que será lo que separe demos de ochlos?
En las postrimerías del siglo XX, y los comienzos del siglo XXI, la posdemocracia es quizás la coincidencia precisa de la oclocracia con su supuesto opuesto, la epistemocracia. Y de ella hay un espécimen en gestación dentro de nuestra comunidad política sujeta al régimen parapresidencial cuyo desmonte quiere detenerse con la medida de fuerza de una segunda reelección.
Tal posdemocracia se dice que se corresponde con el gobierno de los más inteligentes, quienes emerge completamente naturales del régimen del sistema de educación global, con hegemonía estadounidense, para realizar la administración calculada de la infinidad de grandes y pequeños focos de satisfacción que promete la sociedad de mercado, y cuya ficha de entrada pretende ser en el ámbito de la Universidad Nacional bajo sitio preventivo, la bolsa de créditos que mercantiliza y mide la transformación del capital socio-económico en capital cultural en su doble vertiente científica y técnica.

¿Es este tiempo el de una monarquía?
“La autogestión transforma a los centros de educación superior en la parte autocrítica de la sociedad…La crítica representa una acción paralela, dirigida desde afuera, hacia la sociedad, sin compromiso alguno…La autogestión, en cambio, cuestiona a la sociedad desde dentro, como parte de ella que es”. José Revueltas, ¿Qué es la autogestión académica?. México, Cd. Universitaria, 11 de septiembre de 1968.

En Colombia, hecha la comparación con Francia, La figura de un rey democrático, el que se proclama adalid de la seguridad democrática, que nos manda con gestos arcaicos repetitivos hacia una posmodernidad sin límites resulta atractiva y aceptada en las encuestas de ocasión, con márgenes que superan el 80% de la popularidad. El se nos presenta en la propia sociedad del espectáculo como el Uno que pacifica las pasiones de la manada y preserva el demos del dualismo. Y añade el mismo Rancière, es también un rey siempre listo que grita: el lobo dentro y en el vecindario, para que su propuesta autoritaria de hacer la paz se vuelva esencial.
Del mismo modo, es igual es necesario para la filosofía, y la teoría política, en función de la coyuntura seguir la pista a la sabiduría de l@s muchos, de los estudiantes en rebeldía contra el estatuto y el desmonte de la educación pública. Conviene volver a tomar en cuenta a Aristóteles, y recorrer críticamente el sendero de la utopía centrista que se presenta como un espejismo deseable. Hoy como nunca, la filosofía y el pensamiento crítico tienen que asumir su más íntimo asunto: ¿cómo lidiar con el temor y el odio?. Ahora que el presidente hizo ya un llamado público, y dio la autorización al uso público de la violencia contra los estudiantes que protestan en las Universidades de Colombia.
La democracia de los muchos, y los estudiantes son su elemento activo en la hora de ahora, denuncian la utopía que pretende actualizar la ecuación del fin de la política juntando para el efecto la epistemocracia y la oclocracia. El plan de la reforma educativa, académica y estudiantil en curso la ejemplifica y sus cultores y administradores se solazan con una particular clase de propuesta: la que afecta la organización del tiempo, y su medida a través de la bolsa de crédito. Ésta será el parámetro que cuantifica tanto el saber como la permanencia del sujeto estudiantil en el espacio socio-político de la Universidad Pública de ahora en adelante.
Las propuestas para acortar el tiempo de la escuela se auto-refieren y son apoyadas en la “buena” promesa de la doble titulación, para quienes hagan notorio progreso dentro del sistema de créditos. Estas cuentan con las luces de autoridades científicas, psicológicas y pedagógicas adiestradas en la sofistería de las competencias como nuevo modelo de jerarquización . A todas luces, es un trueque ventajoso a cambio de las formas democráticas supérstites en el ámbito de la Universidad pública.
Peor aún, para todas las autoridades concertadas en el festín académico que tiene como presas codiciadas a la democracia y la autonomía en la Universidad, permanece incólume la fe en los poderes mágicos del tiempo. Aquellas pretenden creer y hacer creer que cualquier manipulación temporal garantizará algún resultado milagroso que modernice a la Universidad Colombiana; como si su modernidad, no proviniera en cambio, de las luchas que las capas intelectuales, los grupos y clases de la sociedad en cuestión han librado dividiendo la institución conservatizada.
Como si no fueran los verdaderos autores de la transformación en curso, que las autoridades quieren atajar, contener, encauzar por todos los medios. Uno de cuyos episodios fue la demanda de comienzos de los años 70 por el cogobierno, una reforma que fue desmontada de la noche a la mañana a través de un gobierno policial universitario que intentó convertir a la Universidad en un cuartel.
El cierre de la sede de Palmira, la aprehensión de 22 estudiantes de la Universidad Pedagógica y otras Instituciones de modo arbitrario, sometidos en forma ilegal y humillante a una comparecencia no querida y desigual, la muerte de un estudiante en la Universidad del Tolima, la acción contra las autonomías indígenas son todos indicios que exigen una acción democrática contundente, propositiva.
La Comunidad Universitaria, y las multitudes convocadas tienen que destronar las pretensiones de instaurar la monarquía en los predios de la Universidad Nacional con el supuesto racional de la seguridad democrática, donde la seguridad es la bestia que engulle cualquier movimiento democrático y autónomo; y que aplasta cualquier disensión o desgarre del unanimismo estúpido que menosprecia la búsqueda de la verdad dentro y fuera de las aulas, ahora confundidas con cuarteles.
Es un nuevo tiempo, del cual esta contrarreforma en el gobierno de las Universidades es síntoma. Es la hora de la autonomía y de la autogestión como antídotos contra la asfixia de la democracia, y contra el avance del fascismo social en todos los ámbitos de la comunidad nacional. Es fundamental la defensa de la Universidad Pública, libre y abierta. Es necesario el estudio riguroso de las formas de rebeldía y resistencia del presente, en clave autogestionaria y autónoma, tal y como se presentaron en el 68, retomando la lucidez y el carácter de José Revueltas, en México, o Guy Debord, en Francia, y tantos otros.

11 de junio de 2008

Atando cabos

OCTAVIO QUINTERO
oquinteroefe@yahoo.com
11-06-08

Es imprescindible juntar la reciente decisión de la Corte Constitucional (CC), contenida en su sentencia C-545/08, con la decisión del presidente Álvaro Uribe Vélez (AUV) de hundir en el penúltimo debate la reforma política, así como con la extradición de los jefes paramilitares que se estaban desbordando en confesiones “no convenientes para el gobierno”, como acaba de decirlo ante un fiscal el ex secretario General de la Presidencia, Alberto Velásquez, en el caso que se investiga contra Jidis Medina por haber vendido su voto con el que se alcanzó la mayoría para reformar la Constitución que permitió la reelección inmediata de AUV en el 2006.
Las tres decisiones casan a la perfección como piezas de reloj en favor de la parapolítica, tanto de la que se juzga actualmente en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) como de la que anda en camino de llegar a los estrados judicales en las sucesivas investigaciones que se siguen abriendo contra los miembros de la gran coalición uribista que se apoderó del país a sangre y fuego desde el 2002.
Pero antes de seguir, es bueno precisar que la sociedad que se deja hacer estas capadas sin chistar es porque tiene muchas bolas, o apenas dos pero muy grandes. Cuando el uribismo le da semejantes golpes a la justicia: 1) Rapándole a la Fiscalía los reos que venían confesando sus horrendos crímenes y escandalosas alianzas con el poder Legislativo (parapolítica) y el Ejecutivo a través de sus Fuerzas Militares y de Policía (paramilitarismo); 2) Enfrentando a las cortes CC y CJS en lo que se conoce como “choque de trenes” mediante el cual la primera, obrando a petición de parte (¿quién lo duda?), arma una sentencia empedrada de buenas intenciones pero que inevitablemente conducirá al infierno de la impunidad parapolítica y, 3)Hundiendo la reforma política que borraba del Congreso las curules untadas de sangre que han venido dejando los parlamentarios procesados, pero que al mismo tiempo son ocupadas por sus suplentes como si con ello quedaran limpias de polvo y paja; una sociedad, repito, que se deja testicular casi hasta el orgasmo de este gobierno en esa forma y manera, esa sociedad es de las que probablemente tomó como ejemplo ese que dijo… “Todo pueblo merece sus gobernantes”.
He dado en elogiar a AUV y al séquito de pragmáticos que le asesora, porque sin bosquejo moral sobre sus conductas, realmente son bien inteligentes, con lo que resultan ser más peligrosos.
Desde los inicios de la Ley de Justicia y Paz, con la que se intentaba reciclar en la sociedad colombiana a los paramilitares sin mayores penas, pero que la oposición, especialmente la intelectual que se expresa en libros, revistas y columnas de opinión, logro revertir hasta hacer que al menos se intentara una Verdad y Reparación, hasta estas tres últimas movidas de la extradición de los paramilitares, la sentencia de la CC y el hundimiento de la reforma política, no se ve más que el afán de AUV de proteger a sus secuaces, los parapolíticos que sigue necesitando, unos en el Congreso para que le aprueben sus leyes insociales y sus reformas constitucionales, incluyendo su segunda reelección, “mientras los meten a la cárcel”, como dijo alguna vez, como los activistas prosélitos armados de argucias y fusiles que le sostienen su imagen y poder.
Ahí es dónde uno se pone a pensar si es cierto que en estos tiempos la lucha armada ya pasó de moda, como acaba de manifestar el presidente Chávez de Venezuela, manifestación que será preciso analizar bajo la lupa de distintos cristales…¿Pasó? Tal vez en aquellas democracias donde la lucha democrática es limpia, o al menos no tan sucia como la colombiana que, entre otras cosas, se vale de las armas del Estado para imponer una “seguridad democrática” de facto que riñe con todos los principios de los derechos humanos, del derecho internacional humanitario y de los derechos de la oposición civil y política que acalla y persigue combinando todas las formas de lucha.
No se puede decir que la lucha armada en Colombia es una cuestión anacrónica o de gusto personal, y ni siquiera de ansias de poder, cuando lo que vemos es que en esta seguridad democrática lo que se busca no es la paz sino empujar a la guerra a los que todavía estamos en paz, y no ya a una guerra interna sino internacional, pues, ni el amo ni el peón descansarán hasta no llevarnos a una confrontación fratricida con Venezuela y Ecuador, pues, tanto lo necesita Estados Unidos para mantener su dominio en su ‘Patio Trasero’ como AUV para atornillarse en el poder.

2 de junio de 2008

¿El poder para qué?

OCTAVIO QUINTERO
oquinteroefe@yahoo.com
02-06-08

Quizás ofendiendo un poco o mucho la egregia figura del Maestro Echandía, el insigne colombiano que un día dijo “el poder para qué”, pienso que así dicho fuera de contexto, Echandía pasa a la historia como el único ser vivo que no sabía para qué es el poder, porque de resto, hasta el más insignificante animal, como una hormiga por ejemplo, sabe muy bien para qué es el poder: “para poder”, le respondería a uno con elemental simplicidad el ex boxeador Pambelé, quien un día nos enseñó que… “es mejor ser rico que pobre”.
Pues, Maestro Echandía, siquiera que no le tocó vivir en tiempos del mandato de Álvaro Uribe Vélez (AUV), para que viera para qué es el poder.
El poder es para tener un Congreso de bolsillo plagado de criminales que pueden ir haciendo leyes “mientras los meten a la cárcel”, como les ordenó un día desde un púlpito congresal de gremio económico el propio AUV. El poder es para tener Fiscal General de bolsillo, sacado de su viceministro de Justicia que un día hizo elegir en ese mismo Congreso de bolsillo que también le llenó la última vacante que se dio en la Corte Constitucional con su secretario jurídico de la Presidencia, con lo que, así por encima, como hacen las cuentas las marchantas de plaza, tiene a sus pies el Congreso, la Fiscalía y la Corte Constitucional.
Con ese inmenso poder, el Presidente acaba de hacer su última jugada en defensa de la parapolítica que, como bien sabemos, está en cabeza de paramilitares y políticos, todos a una, bañados de narcotraficantes.
Esa Corte acaba de herir profundamente el proceso de juzgamiento de los parapolíticos que adelanta la Corte Suprema de Justicia, ordenando que en adelante, las capturas e investigaciones deben ser adelantadas por jueces distintos a los magistrados de la Suprema, es decir, por la Fiscalía General de la Nación, en donde duermen y despiertan los procesos judiciales, según los intereses particulares y políticos de AUV.
La “inteligencia superior” de Uribe, que como una vez dije es tan grande que no le cabe en su propio cerebro, con lo que debemos suponer que tiene asiento en Washington, le ha ordenado a su Corte Constitucional que dicte una sentencia en la que obligue a su Congreso a expedir una ley en la que inhabilite a la Suprema para enjuiciar, procesar y condenar de ahora en adelante a sus parapolíticos.
Dirán entonces los áulicos uribistas que el proceso contra los que ya están en los estrados judiciales continuará sin interferencias de ninguna especie. Pues, no señor: los detenidos actualmente por la parapolítica podrán alegar, una vez expedida la ley, por la vía más rápida como la Tutela, el principio de igualdad, amparado por la Constitución cual es el de que la justicia tiene que ser igual y por parejo para todo el mundo. Esas tutelas, cuando más, podrían llegar a revisión del Consejo Superior de la Judicatura, tribunal que tampoco sale del bolsillo presidencial.
Miren nuevamente qué jugada: AUV extraditó a los paramilitares que venían pasando de bocones, antes de que sus víctimas siguieran haciendo uso del derecho de tutela que les daba prelación sobre los delitos de narcotráfico por los que los reclamaba Estados Unidos, y cambio, les abre el camino de la tutela a sus secuaces parapolíticos presos para que salgan de los predios de la Corte Suprema en donde todavía no ha podido derribar los linderos y entren en propiedad de la Fiscalía en la que AUV entra y sale como Pedro por su casa.
¿Quién podrá objetar con éxito esta ley si el Congreso dirá que actuó en acatamiento de la Corte Constitucional; ley misma que esta corte se abstendrá de declarar inconstitucional, pues, ella misma ordenó expedir? ¿Si ven?... Es, repito, una jugada maestra del Halcón en esta partida de ajedrez que ojalá la Corte Suprema (blancas), responda con mucha inteligencia, pues, todavía tiene en jaque al Rey (negras) con el cerco a Jidis, reforzado ahora con la detención de Teodolindo, los parlamentarios que le vendieron sus votos a AUV para lograr la reelección en el 2006.
No se pierdan la próxima movida. Sobre el tablero, las blancas se ven al ataque y las negras a la defensiva. La partida se pone cada vez más interesante y mejor, con ribetes internacionales que van desde los próximos resultados de las elecciones en Estados Unidos hasta las elecciones internas del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), el pasado domingo que afianza a Chávez en el poder, sin contar el jaleo colombo-ecuatoriano en la pasada asamblea de la OEA en Medellín, la tierra de Uribe que por esos mismos días se desplomó sobre los más pobres habitantes ante el peso del crudo invierno, momento que aprovechamos para solidarizarnos con las víctimas de allá, de aquí y de todas partes en las que la naturaleza se ensaña tanto como la misma injusticia del modelo económico y el régimen político que abraza y abrasa al país.