29 de junio de 2006

El casino financiero

NOTA DE MIS-XXI


El sistema financiero se ha convertido en un casino internacional, y sus mejores clientes deben ser llamados, como todos los clientes de un casino, tahúres de la riqueza puesta en sus manos por un modelo que privilegia el interés particular por encima del interés general, y que potencia la eficiencia por encima de la equidad.

El estallido de la burbuja bursátil en Colombia, pocos días después de reelegido el presidente Uribe es clara muestra de cómo se puede manejar la política monetaria para conseguir resultados electorales.

En Colombia el ardid no es nuevo. Ya en 1998, durante las elecciones presidenciales que enfrentaron a Serpa con Pastrana, la autoridad monetaria hizo subir la tasa de interés a límites esquizofrénicos: 90%, y un codirector del Banco Emisor llegó a decir que si era preciso se alargaría hasta el 150% con tal de frenar la fuga de capitales que amenazaba al sistema monetario interno frente a la expectativa de que las elecciones fueran ganadas por el candidato Horario Serpa.

El mensaje político fue muy efectivo: en la segunda vuelta, una coalición de derecha, argollada por un abrazo de Pastrana-Tirofijo, le entregó al primero la Presidencia de la república.

La historia vuelve a repetirse en el 2006, y en la siguiente nota de Aurelio Suárez Montoya para Argenpress.info, publicada el 27/06/06, y que nos hizo llegar nuestra asociada al MIS-XXI, Lilia Beatriz Sánchez, es lo suficientemente ilustrativa y didáctica para la comprensión de todos.

Tema: Situación en Colombia

¿Cómo se construyó la burbuja especulativa?

Por: Aurelio Suárez Montoya (Fecha publicación:27/06/2006)

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Cuando el presidente Uribe anunció en 2002 el “cambio de cartilla” de la política económica, era previsible que, dejando en pié la esencia de los postulados neoliberales, se corregirían las políticas de contracción monetaria con las cuales el equipo de gobierno de Pastrana y los miembros de la junta directiva del Banco de la República de entonces impusieron la más pura ortodoxia cuantitativa del dinero con el fin prioritario de lograr una baja inflación a costa del empleo, la inversión y la producción. Lo que nadie imaginó es que el “impulso monetario”, tal como lo denomina el actual gerente del banco central, J. Uribe, sería pieza clave para construir una burbuja especulativa en Colombia en los últimos cuatro años. A dicho propósito ayudaron además las condiciones de los mercados financieros movidos a desplazarse a las “economías emergentes” por las bajas tasas de interés del dólar fijadas por la Reserva Federal estadounidense.

Los datos de importantes variables macroeconómicas en este periodo permiten corroborar lo antes dicho. En diciembre de 2001, la oferta monetaria en Colombia, que es el volumen de dinero que se encuentra disponible en la economía en un momento determinado, era de $68,7 billones. Para diciembre de 2005 había subido a $ 112 billones, casi un 64% más, $43,8 billones. Es importante mirar cuál fue el destino que tuvo tal incremento del efectivo en poder del público y de los depósitos en cuenta corriente de la banca, máxime cuando él se originó mediante operaciones entre el sistema financiero y Banrepública. Si la cartera de colocación de créditos apenas alcanzó a subir en ese lapso de $47,5 billones a $ 65,5 billones, tan sólo $18 billones, ¿a dónde fue a parar el saldo del dinero no colocado? Los Títulos del Tesoro, TES, se incrementaron de $41,5 a $ 85 billones, más del doble; ahí quedaron buena parte de los recursos no entregados a la clientela bancaria y otra corrió para la valorización de acciones de las empresas en la Bolsa de Valores, las cuales vieron, en el mismo cuatrienio, subir el índice de sus precios de 1.070 puntos a 9.513. Las tendencias anteriores fueron reforzadas por los fondos de inversión extranjera quienes en marzo de 2006, antes del estallido, tenían ya más de 1.900 millones de dólares en acciones de las empresas y en junio de 2006 poseían 2.093 millones de dólares en TES, cuando hace un año sus inversiones en estos papeles valían 961, menos de la mitad.

La especulación desatada llevó a que títulos bursátiles como los de Tablemac, una empresa bajo el esquema concordatario de la Ley 550, se valorizaran en 2005 en un 25% y otros de firmas con reconocidas dificultades como Fabricato, y Coltejer, ponderadas en un escrito periodístico por Rudolf Hommes, lo hicieran en el 26% y el 44% respectivamente. Ahora, en el desplome, a quienes se les vendieron dichos valores al alza se les compra a la baja, causando pérdidas entre el público y ganancias por punta y punta entre los especuladores profesionales, quienes, dicho sea de paso, son fácilmente identificables por su posición dominante en las lonjas. El gobierno, por su parte, obtuvo a cambio, con la venta de TES, el financiamiento de su gasto, dedicado en gran proporción al pago del servicio de la deuda con los mismos especuladores, a defensa y seguridad y a la compra de la reelección a través de los estímulos que robustecieron el número de sus electores.

Colombianos anónimos pagaron el costo de la burbuja, los de siempre volvieron a ganar, Uribe Vélez consiguió los beneficios políticos derivados de tan oscura maniobra y el resto de la opinión, ignorante de tan pérfidas truculencias, queda impasible ante la realidad virtual que se ha impuesto en el país, en este caso en forma de burbuja especulativa y de donde derivó sus utilidades el puñado, que en evidente connivencia con las autoridades, a la hora de repartir los frutos del crecimiento carga con más de la mitad de ellos. Vienen nuevos hechos y ya se hacen graves premoniciones, falta ver si ellos les permitirán a las mayorías calar la verdadera personalidad de estos tahúres de la riqueza nacional.

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