11 de septiembre de 2008

Uribe: arriba y abajo

OCTAVIO QUINTERO
oquinteroefe@yahoo.com
11-09-08

Todo depende del color del cristal con que se mire. En la última encuesta de Gallup, la imagen del Presidente con respecto a su exterminio de las Farc es muy alta, y eso es cierto; y eso es lo que potencian los medios de comunicación como aceptación general de los colombianos del presidente Uribe.
Pero en esa misma encuesta se mide la apreciación ciudadana sobre la realidad nacional. Ahí, entonces, el presidente Uribe “pierde el año” porque la gente le desaprueba su política social, casi en la misma proporción en que le admira su coraje para enfrentar a esos “forajidos y terroristas”.
Si esos mismos medios que baten palmas a la Seguridad Democrática de Uribe, potenciaran, por ejemplo, que los colombianos rechazan por abrumadora mayoría la política social del gobierno que tiene que ver con el empleo, la salud, la educación, la vivienda y la seguridad social, otro gallo cantaría en la Casa de Nariño.
Así como arrancan las encuestas de imagen tan pronto como Ingrid pone su pie en el estribo de la libertad, que eleva la emoción arriba del 90 por ciento, hicieran sondeos en medio de las marchas campesinas, las colas ante las EPS, o entre los enfermos, algunos terminales, tirados en los pasillos de los hospitales; o también en los “supermercados del semáforo”, seguramente la imagen del Pre se arrastraría como reptil en desierto.
La abrumadora aceptación popular de Uribe en medio de semejante caos social, que resulta bien distinto a la hecatombe política que anda fabricando para justificar su permanencia indefinida en el poder es, pues, fruto del color del cristal con que los medios de comunicación nos han puesto a ver sólo una parte, para mi gusto la menos crucial de la encrucijada colombiana, cuya clase dirigente (política y empresarial), no atina o no quiere llegar a la causa, limitándose sólo a paliar los efectos.
La popularidad de Uribe, pues, es una pompa de jabón insuflada por los medios proclives al régimen, estimulados directamente por incentivos económicos envueltos en publicidad; o por prebendas burocráticas e, inclusive, por sutiles sobornos no de poca monta, que sobreexponen la derrota militar de las Farc como el “fin del fin” de todos nuestros padecimientos, a tiempo que sesgan esa otra opinión de los colombianos sobre la política social que podría hacer daño a la imagen presidencial.
Hemos de entender entonces que, según las encuestas de opinión, el Presidente colombiano tiene un gran perfil como guerrero, y por eso sería que dijo que le gustaría ser Ministro de Defensa después de ex presidente; pero muy bajo perfil como para ministro de la Protección Social, y por eso será que entre otras cosas tiene en ese cargo a un inepto como él.
En conclusión, y parodiando a ese que dijo que todo pueblo se merece sus gobernantes, Colombia, un país de guerras de conquistas entre el 12 de octubre de 1499 y el 20 de julio de 1810, seguidas de guerras intestinas de 1810 a la fecha, se merece al guerrero Uribe como epígono de los mejores exponentes de su casta, como el Pacificador Morillo de aquella época o el Regenerador Núñez, con quien gusta compararse, de ésta.
Pero si Colombia fuera Suiza, en donde es más importante la política social que la seguridad democrática, entre otras cosas porque una buena política social no necesita armas para asegurar la democracia, pues, se encuentra asegurada per se en la voluntad popular, Uribe, en el campo militar, no calificaría ni de policía por sus instintos de matón (“A esos mi coronel, bórrelos por mi cuenta, y no se preocupe”), ni de enfermero de la Cruz Roja por su evidente menosprecio de las cuestiones sociales que ha resuelto emprender desde la reduccionista óptica asistencialista con la que somete la gente a sus enternecedores diminutivos de “tenga mijito”, “hágale mijita” y “cuidado con el gustico antes del matrimonio”.

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