4 de noviembre de 2008

Hay que tumbar a Uribe

OCTAVIO QUINTERO
04-11-08

Hay que tumbar a Uribe, pues, encarna un régimen opresor que por fin empieza a develarse entre la opinión pública que orientan los medios de comunicación, y muy especialmente entre la opinión popular que ya debe estar revisando sus preferencias electorales de cara a las elecciones del 2010.
Y no creo que en derecho se me pueda juzgar por instar a tumbar un régimen ilegítimo que nos dio un golpe de Estado mediante una reelección alcanzada en cohecho con la parlamentaria Jidis Medina como sentenció la Corte Suprema de Justicia al condenar a la cómplice de Uribe por haberle vendido su voto a favor de su reelección.
Da coraje que tales resultados de opinión hayan tenido, y probablemente cobren todavía un costo tan alto en vidas de colombianos y colombianas que han sido exterminados por sus ideas, por sus opiniones, por su pensamiento, por su ideología o simplemente por defender sus derechos económicos y laborales (como los sindicalistas) o de propiedad como los centenares de miles de campesinos y pequeños y medianos propietarios de tierras que engrosan los desfiles fantasmales que se escapan de las fosas comunes.
Da tristeza que, a más de esas víctimas fatales, pululen hoy en las comunas más deprimidas de las principales ciudades avalanchas humanas de desplazados, mendigos, huérfanos, desocupados, drogadictos, bobos o locos, víctimas directas o indirectas de esa Seguridad Democrática y de su modelo económico neoliberal que, por demás, andan siendo reclutados y devueltos a apartados lugares del campo colombiano para ser dados de baja como supuestos guerrilleros en acción.
Resulta llover sobre mojado reiterar denuncias de columnistas muy bien documentados, y en especial de aquellos de El Tiempo y tantos otros de los distintos medios de comunicación electrónicos e impresos que han ido saliendo del closet. Las estadísticas, aunque evidentemente incompletas, de la larga noche negra que vive Colombia son aterradoras.
Pero ese no es mi punto. Para mi, lo importante en todo problema, sin subestimar los efectos, es encontrar la causa. Hasta ahora sólo estamos viendo los efectos de una política de Estado que ha matado a Gaitán, Galán, Pizarro León Gómez y Álvaro Gómez, para no extendernos en la larga lista de mártires que ha bañado en sangre a este país a lo largo de su historia y especialmente en los últimos 60 años, sin que hasta ahora la sociedad pueda darse por satisfecha de las investigaciones adelantadas ni de las penas impuestas a los presuntos criminales.
Probablemente muchos estarán frotándose las manos por los acontecimientos de los últimos días como la caída de los 27 oficiales primero y luego con la renuncia del comandante del Ejército. Quizás, entre estos cazadores de especies menores estén los propios autores intelectuales que entre ellos se esconden.
Yo no podría señalar con tanta certeza como la que tengo ahora a los autores intelectuales de los magnicidios atrás señalados, como de todos los demás crímenes de Estado cometidos a lo largo de estos años, entre otros, y también a manera de ejemplo, el de los 4.000 o más integrantes de la UP (Unión Patriótica).
Pero sí quiero decir que en estos últimos episodios, todos los caminos, como alguna vez lo dijo la senadora Piedad Córdoba, conducen a Uribe.
El sólo hecho que se haya aprovechado del macabro asesinato de un niño por su propio padre para montar un espectáculo mediático; que haya destituido dos semanas atrás a 27 oficiales y que en las últimas horas haya entregado la cabeza del propio comandante del Ejército y acusado de “cómplice de las Farc” al director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, como desesperadas cortinas de humo a ver si la opinión pública y popular, y especialmente la internacional se distrae y confunde, nos muestra que el Halcón está desesperado y acorralado.
Yo quiero señalar hoy, con mucha claridad, que mientras no caiga el Halcón (o lo que Álvaro Gómez llamaba “tumbar el régimen”), Colombia seguirá derramando sangre, hoy a manos de Uribe, como ayer a manos de sus antecesores y mañana a manos de sus sucesores.
Por eso, quienes están aplaudiendo la templada de los instrumentos habrá que decirles que aguanten porque el concierto aún no ha empezado.

oquinteroefe@yahoo.com

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